sábado, 7 de noviembre de 2015

Kusturika y el atrezzo

Underground: Marko y el Negro, dos ladrones amigos, tienen una banda, pertenecen al partido comunista y hacen todo tipo de negocios y trapicheos. En la primera secuencia, el Negro se pelea con sus compañeros de la banda y Marko acude al rescate. Lo vemos.

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El Negro utiliza lo que tiene alrededor como arma, se monta un garrote vil con un palo de billar y una corbata. Está muy bien eso de que los personajes empleen lo que tienen alrededor. Para que nos entendamos, si saca una pistola, pues muy bien, va armado. Pero si aprovecha los elementos que tiene alrededor, habla del Negro como un tío que se adapta, que juega con lo que tiene en el espacio (y además lo hará más veces, como la cuerda con la que atará a la chica después). Eso es muy bueno: recordemos que lo que se ve no hace falta que se diga. 
 
Marko entra en la habitación y ve el percal. El Negro y sus esbirros se están dando de mamporros y Marko decide ayudar al Negro (es genial el momento en el que le pide a la banda de música que toque más alto, está en su salsa el bueno de Marko). Pero antes, se quita el reloj, que me parece una costumbre super razonable antes de entrar en combate cuerpo a cuerpo y, además, cierra la puerta para que no escape nadie.

En la película, el Negro está enamorado de Natalia, una actriz que sale con un nazi (la peli arranca con la ocupación de Yugoslavia). El Negro va a raptarla. Veámoslo.


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Gracias al atrezzo, Kusturika nos anticipa lo que va a ocurrir. Marko lo sabe de sobra, tanto que se quita el reloj nada más verle, porque va a ver más que palabras. Es una manera de narrar 100% cinematográfica, a través de un lenguaje indirecto: Marko se quita el reloj luego va a haber pelea.

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